Al sentarme aquí, me tomé un tiempo para escribir, no sabía realmente que poner porque no sabía lo que sentía, tenía un grado de dolor que se combinaba con rabia y que terminaba en llanto, uno que me ahogaba, que me hacía doler cada parte de mi cuerpo, que me hacía sentir que no valía, que no podía; al decidir escribir pensé que lo haría sobre cosas tristes, cosas que me dolían, pero, ¿y si por esta vez, dejamos esas cosas feas a un lado y hablamos de lo bueno que tuvo el día, la semana, el mes, la vida?
No, no me mal entiendas, las cosas que te afectan importan, el que quieras hablar de lo que te duele, el que quieras leer a alguien que te pueda comprender importa y más de lo que tú crees, pero, por este día, quiero escribir algo diferente, quiero sacar otro lado.
Despeinada, malgeneada, con sus uñas siempre arregladas, con uno que otro barrito en su cara, vistiendo siempre jeans rotos y sus tenis de todos los colores menos blancos, esa es ella, una joven que de memoria podría cantarte cada una de las canciones de Pablo Alborán e incluso minutos después bailarte cada una de las canciones de Shakira, esa es ella, una niña que no le teme al amor, que no le da miedo arriesgarse, Juana, así se llama ella, una niña que si te quiere te lo dice, sin esperar tu respuesta, pero que siempre desea que tengas una para ella.
Juana ha sido la persona que más me ha decepcionado, pero también, la que más me ha llenado de orgullo, ella ha sido capaz de sobreponerse a cada evento de su vida y no ha sido fácil y mucho menos de la forma que lo esperaba, pero lo ha hecho, en poco o mucho tiempo según la circunstancia y su deseo, se ha levantado y ha continuado.
Juana, hoy es la persona que soño o almenos se convierte en eso, claro está, de la mano de personas que ella ve como ángeles, han sido personas que la ayudan a verle el lado bueno a las cosas, el lado bueno de la vida y no, no significa que ellos no le hayan causado dolor, no, significa que ella aprendió de ellos y aún lo hace, ella crece tanto espiritual como mentalmente, ella se vuelve fuerte y espero que así continúe, hasta que llegue el día en que este segura de quién es y se sienta cómoda con eso.
Al hablar con ella, recordé el porque le gustaba tanto sentarse a mirar la luna, entendí que veía en ella cosas que los demás pasábamos por alto, y es que, ¿A quien más se le ocurriría que la luna te mira y sonríe por qué conoce tus picardías? Exacto, solo a ella, solo a Juana se le ocurre que la intensidad con la que ves brillar la luna, refleja la manera en la que ves tú propio brillo; Juana quién disfruta mirar paisajes pero se marea en los viajes por carretera, ella, a quien le encantan las fotos pero siente que no es fotogénica.
Hoy mientras hablábamos la ví acercarse a su escritorio, cogió un cuaderno y un esfero, luego, me paso un encendedor y me pidió que le prendiera una vela de olor, no entendí el porque la tenía que prender yo, pero minutos después, mientras ella tomaba nota en su cuaderno lo entendí, ella a pesar de ser grande y de encantarle escribir con su aroma especial, no sabía cómo usar un encendedor, le daba miedo quemarse, la mire y me di cuenta, era una niña y había permitido que yo conociera cada una de sus inseguridades y ella no se sentía mal por eso, al contrario, Juana mostraba sus miedos con una valentía increíble, me los mostraba para darme a entender que todos cargamos un millón de conflictos internos, de preocupaciones y dolores, me los mostró para enseñarme que no importaba que tan gris estuviera el camino, si puedes continuar haciendo algo que ames, que te llene, ¿que otro motivo necesitas para luchar, para seguir?