REFUGIARSE
¿Cómo se
supone que uno hable acerca de las experiencias que trae la vida, acerca de los
altibajos y las decisiones que se deben tomar para seguir adelante con “la vida
perfecta”?
En este momento,
creo ciegamente que la vida perfecta es diferente para cada persona, que esta, depende
mucho de los sueños, las creencias y motivaciones que tengamos, que cada momento
nos marca y nos ayuda a crecer siempre y cuando estemos dispuestos a hacerlo,
es por eso, que hoy he decidido contarles la historia de Ana, una niña que
actualmente tiene 18 años y quien ha acudido a mí para encontrar la manera de
liberar lo que ella ha llamado sus propios demonios.
Ana, es una
niña de 18 años, apasionada por la música, las historias románticas, las series
de asesinos y misterios, es una niña que cree en las aventuras, en los libros,
en la familia y sobretodo en las personas, sin embargo, considera que desde
pequeña lleva consigo algunos demonios internos, que la han llevado a experimentar
dolor, ansiedad y soledad.
Estos
demonios con el paso del tiempo han ido creciendo, volviéndose recuerdos de
experiencias, recuerdos que no la dejan dormir en las noches, y aquí les contare
la historia de dos de sus más grandes demonios: Juan y Alfredo.
Una tarde
normal en Bogotá, donde el clima era lo que ella consideraba perfecto, salía de
su casa dispuesta a tener una de sus mejores noches; rodeada de sus amigos,
bailando, comiendo y bebiendo parecía divertirse y sonreír sinceramente por
primera vez en mucho tiempo, pero su buen momento no duro lo que ella esperaba;
Ana, con unos tragos encima vio llegar a la persona a la que para entonces culpaba
de que su mundo se hubiera derrumbado unos meses atrás, sin pensarlo dos veces corrió
hasta su carro para huir del lugar y quizás si su amigo no la hubiera detenido
en ese momento, ella no hubiera conocido sus demonios, pero la historia es
diferente.
Ana después
de hablar con su amigo opto por irse caminando a su casa, era bastante cerca y
no estaba lo suficientemente tarde para que algo pudiera ocurrirle, camino
tranquila por un par de minutos, pero luego de entrar a un parque se dio cuenta
que dos hombres la perseguían, por su cabeza pasaron todo tipo de situaciones
en las que la iban a robar, se imaginaba un cuchillo en su cuello o un arma en
su estómago, comenzó a caminar más rápido, evitando todo tipo de contacto con
estos hombres, pero ella no era lo suficientemente rápida y ellos se acercaron,
uno de ellos, paso su brazo alrededor de su cuello y empezó a decirle lo linda
que era, lo que esperaba de ella, el otro la miraba de pies a cabeza, ella por
su parte, gritaba e intentaba soltarse, pero le fue inútil, estos dos hombres
disfrutaron cada segundo mientras como ellos decían “la admiraban”; luego la
mano sudorosa y grande de uno de ellos entro por debajo de su pantalón y su
ropa interior, las lágrimas de Ana empezaron a salir más rápido, pero sus
gritos ya no se escuchaban, a medida que ella cayó al piso y que su ropa desaparecía
su cuerpo quedó inmóvil, sus ojos se fijaron en el árbol más alto y más cercano
que ella podía observar, sus demonios la habían consumido y ella en medio de
todo guardaba la esperanza de que se aburrieran, pero no fue así, con un “mírame
perra, mira cómo te monto” y un grito de dolor, Ana entendió que ya no se
turnaban, que ahora estaban los dos al tiempo abusando de ella; ella sabía cómo
su pequeño cuerpo se estremecía, como su cuerpo se mojaba así ella no quisiera,
así ella no disfrutara en absoluto la situación, pero, esto no acabo ahí; para que ella no dijera
nada, los dos hombres recurrieron a las amenazas, Ana rogaba para que fueran
solo verbales, pero no, los golpes llegaron, en la cara, en el pecho, patadas
en las piernas y cuando ella pensó que todo había acabado, llego uno de ellos diciendo
“esto es para que aprenda a callarse” e introdujo una rama en su vagina y la
froto por todos lados, ocasionándole dolor y que ella se percatara de la
cantidad de sangre que la estaba rodeando.
Ana no sabe
cuánto tiempo paso hasta que escucho su nombre, su amigo, su amigo gritaba su
nombre y corrió hacia ella, detrás venían dos personas más, sus primos, sus héroes
venían a salvarla, pero ¿Cómo salvarla cuando ya su alma estaba rota? Con la
chaqueta de su primo encima y caminando como podía, sin sentir que lo hacía
llego hasta donde vio el carro, e l camino fue para ella una tortura, la
miraban y veía en ellos lágrimas, rabia, dolor; llego al hospital y la entraron rápido a un cuarto aparte, donde ella esperaba al doctor de medicina legal,
en ese momento Ana se dio cuenta, la habían violado y su cuerpo lleno de sangre
solo causaba en ella desagrado, llego el momento de ver al médico, de hablar
con él, rápidamente le dio una pastilla color rosado y dijo “anticonceptivo de
emergencia, para evitar embarazos” y otra pastilla color blanco que según lo que entendió
era para no sufrir de alguna enfermedad de transmisión sexual, siguieron los
pasos de revisión general, mirar que tan lastimada estaba, que podía hacerle y cuál
era el paso a seguir, en este examen, tomaron muestras y aunque Ana sabía que
era lo mejor, ella se sentía vulnerable y sentía que lo que hacía el medico era
lastimarla más; llego el momento del psicólogo, de hablar con la familia y por la cabeza de Ana solo pasaba un “déjenme
sola”
Dos días en
el hospital, millones de exámenes, de medicamentos, sentimientos encontrados y
la noticia que genero un cambio en Ana “Es positivo, estas embarazada” Si, embarazada
de sus violadores, 8 semanas, 8 semanas donde ella no dormía, donde peleaba por
saber qué hacer, que haría con la universidad, con sus sueños, porque todos querían
que ella abortara, pero lo único que ella pensaba era ¿qué culpa tiene él bebe? Si, ella lo veía como un bebe, porque eso era,
su bebe, aquel que no busco, aquel que nunca soñó, pero al que no le haría daño.
Al inicio de la semana 9, comenzó a sentirse mal, la fiebre y los escalofríos la acompañaban por horas, cólicos abdominales que no la dejaban hacer movimiento alguno y
una mancha color café en sus ropa interior fue el inicio de un sangrado que la llevo
al hospital y a recurrir de nuevo a medicamentos al enterarse que su cuerpo no podía
adaptarse a un cambio tan grande, que ya sus problemas y pensamientos se habían solucionado,
el bebé ya no estaba, pero otra vez, su alma estaba rota.
Volvió, volvió
como si nada a su vida, intento ponerse al día con su semestre o al menos hacer
más que ir y sentarse en una silla a mirar el celular, veía a sus amigos y su
vida aparentemente estaba bien, nadie notaba, nadie notaba sus cortadas entre
las piernas y debajo de la cola, nadie notaba que cada noche despertaba
llorando, sin poder respirar; sus agresores la acompañaban en todo momento, los
veía, como fantasmas, siguiéndola, acechándola y llegada la noche la abusaban
de nuevo, repitiendo cada gesto, cada movimiento; pero llega un momento donde
la vida simplemente nos pesa más de lo que debería y fue ahí, cuando encerrada
en el baño escribió un mensaje y por cada oración tomaba una pastilla, para
dejar de sufrir o al menos, para sentir un tipo de dolor diferente, un dolor
que no se llevara cada pedazo de ella; tres días, internada en el hospital,
escuchando a su familia llorar mientras se preguntaban cómo había sido capaz,
como no lo vieron antes, Ana entendió, que si no aprendía a llevar ese dolor,
no podría sostener a quienes más quería, no podría hacerles saber que ella
estaba y que si ella podía, su familia podría.
Ana mintió
a cada uno de sus amigos a los que sabían lo ocurrido les mintió diciendo que
todo estaba superado y a los que no sabían, también les mintió, a ellos les oculto todo, con mentiras
cada vez más reforzadas, se mintió a sí misma, diciendo que no la seguían, que
no los veía, que no recordaba ese día y que si dormía con la luz prendida era
por miedo a la oscuridad y no a lo que en esta encontraba, así duro un año y tres
meses sumergida en ese escondite, donde no sentía, no sabía, no gritaba, un año
y tres meses donde estaba mental y físicamente agotada, donde el hospital se volvió
su mejor compañía, porque o no comía o comía demasiado, un año y tres meses despertándose
cada noche con miedo, creyéndose lo menos importante, culpándose por ese día, culpándose
por no saber seguir, por no encontrar la manera de gritarle al mundo que le dolía,
que se derrumbaba.
Hoy, un año
y cinco meses después, puedo confiar en el cambio que ha tenido Ana, en que al
menos por una noche durmió sin despertarse, en que ahora, se mira al espejo y
se siente linda, en que día a día aprende a quererse, puedo confiar en que Ana
quiere esforzarse en cada ámbito de su vida, quiere salir adelante acepando
cada cosa de su pasado, Ana hoy tomo la decisión de vivir, de dejar miedos y
tristezas, Ana decidió avanzar … ¿Tu que harás?
Escrito por: María Alejandra Vargas
Es muy duro lo que le ocurrió, no es algo facil de superar es difícil suponerse uno que haría porque realmente nunca se está listo para vivir este tipo de cosas
ResponderBorrar