martes, 27 de noviembre de 2018

REFUGIARSE


REFUGIARSE

¿Cómo se supone que uno hable acerca de las experiencias que trae la vida, acerca de los altibajos y las decisiones que se deben tomar para seguir adelante con “la vida perfecta”?

En este momento, creo ciegamente que la vida perfecta es diferente para cada persona, que esta, depende mucho de los sueños, las creencias y motivaciones que tengamos, que cada momento nos marca y nos ayuda a crecer siempre y cuando estemos dispuestos a hacerlo, es por eso, que hoy he decidido contarles la historia de Ana, una niña que actualmente tiene 18 años y quien ha acudido a mí para encontrar la manera de liberar lo que ella ha llamado sus propios demonios.



Ana, es una niña de 18 años, apasionada por la música, las historias románticas, las series de asesinos y misterios, es una niña que cree en las aventuras, en los libros, en la familia y sobretodo en las personas, sin embargo, considera que desde pequeña lleva consigo algunos demonios internos, que la han llevado a experimentar dolor, ansiedad y soledad.

Estos demonios con el paso del tiempo han ido creciendo, volviéndose recuerdos de experiencias, recuerdos que no la dejan dormir en las noches, y aquí les contare la historia de dos de sus más grandes demonios: Juan y Alfredo.



Una tarde normal en Bogotá, donde el clima era lo que ella consideraba perfecto, salía de su casa dispuesta a tener una de sus mejores noches; rodeada de sus amigos, bailando, comiendo y bebiendo parecía divertirse y sonreír sinceramente por primera vez en mucho tiempo, pero su buen momento no duro lo que ella esperaba; Ana, con unos tragos encima vio llegar a la persona a la que para entonces culpaba de que su mundo se hubiera derrumbado unos meses atrás, sin pensarlo dos veces corrió hasta su carro para huir del lugar y quizás si su amigo no la hubiera detenido en ese momento, ella no hubiera conocido sus demonios, pero la historia es diferente.

Ana después de hablar con su amigo opto por irse caminando a su casa, era bastante cerca y no estaba lo suficientemente tarde para que algo pudiera ocurrirle, camino tranquila por un par de minutos, pero luego de entrar a un parque se dio cuenta que dos hombres la perseguían, por su cabeza pasaron todo tipo de situaciones en las que la iban a robar, se imaginaba un cuchillo en su cuello o un arma en su estómago, comenzó a caminar más rápido, evitando todo tipo de contacto con estos hombres, pero ella no era lo suficientemente rápida y ellos se acercaron, uno de ellos, paso su brazo alrededor de su cuello y empezó a decirle lo linda que era, lo que esperaba de ella, el otro la miraba de pies a cabeza, ella por su parte, gritaba e intentaba soltarse, pero le fue inútil, estos dos hombres disfrutaron cada segundo mientras como ellos decían “la admiraban”; luego la mano sudorosa y grande de uno de ellos entro por debajo de su pantalón y su ropa interior, las lágrimas de Ana empezaron a salir más rápido, pero sus gritos ya no se escuchaban, a medida que ella cayó al piso y que su ropa desaparecía su cuerpo quedó inmóvil, sus ojos se fijaron en el árbol más alto y más cercano que ella podía observar, sus demonios la habían consumido y ella en medio de todo guardaba la esperanza de que se aburrieran, pero no fue así, con un “mírame perra, mira cómo te monto” y un grito de dolor, Ana entendió que ya no se turnaban, que ahora estaban los dos al tiempo abusando de ella; ella sabía cómo su pequeño cuerpo se estremecía, como su cuerpo se mojaba así ella no quisiera, así ella no disfrutara en absoluto la situación, pero, esto no acabo ahí; para que ella no dijera nada, los dos hombres recurrieron a las amenazas, Ana rogaba para que fueran solo verbales, pero no, los golpes llegaron, en la cara, en el pecho, patadas en las piernas y cuando ella pensó que todo había acabado, llego uno de ellos diciendo “esto es para que aprenda a callarse” e introdujo una rama en su vagina y la froto por todos lados, ocasionándole dolor y que ella se percatara de la cantidad de sangre que la estaba rodeando.

Ana no sabe cuánto tiempo paso hasta que escucho su nombre, su amigo, su amigo gritaba su nombre y corrió hacia ella, detrás venían dos personas más, sus primos, sus héroes venían a salvarla, pero ¿Cómo salvarla cuando ya su alma estaba rota? Con la chaqueta de su primo encima y caminando como podía, sin sentir que lo hacía llego hasta donde vio el carro, e l camino fue para ella una tortura, la miraban y veía en ellos lágrimas, rabia, dolor; llego al hospital y la entraron rápido a un cuarto aparte, donde ella esperaba al doctor de medicina legal, en ese momento Ana se dio cuenta, la habían violado y su cuerpo lleno de sangre solo causaba en ella desagrado, llego el momento de ver al médico, de hablar con él, rápidamente le dio una pastilla color rosado y dijo “anticonceptivo de emergencia, para evitar embarazos” y otra pastilla color blanco que según lo que entendió era para no sufrir de alguna enfermedad de transmisión sexual, siguieron los pasos de revisión general, mirar que tan lastimada estaba, que podía hacerle y cuál era el paso a seguir, en este examen, tomaron muestras y aunque Ana sabía que era lo mejor, ella se sentía vulnerable y sentía que lo que hacía el medico era lastimarla más; llego el momento del psicólogo, de hablar con la familia  y por la cabeza de Ana solo pasaba un “déjenme sola”

Dos días en el hospital, millones de exámenes, de medicamentos, sentimientos encontrados y la noticia que genero un cambio en Ana “Es positivo, estas embarazada” Si, embarazada de sus violadores, 8 semanas, 8 semanas donde ella no dormía, donde peleaba por saber qué hacer, que haría con la universidad, con sus sueños, porque todos querían que ella abortara, pero lo único que ella pensaba era ¿qué culpa tiene él bebe?  Si, ella lo veía como un bebe, porque eso era, su bebe, aquel que no busco, aquel que nunca soñó, pero al que no le haría daño. Al inicio de la semana 9, comenzó a sentirse mal, la fiebre y los escalofríos la acompañaban por horas, cólicos abdominales que no la dejaban hacer movimiento alguno y una mancha color café en sus ropa interior fue el inicio de un sangrado que la llevo al hospital y a recurrir de nuevo a medicamentos al enterarse que su cuerpo no podía adaptarse a un cambio tan grande, que ya sus problemas y pensamientos se habían solucionado, el bebé ya no estaba, pero otra vez, su alma estaba rota.

Volvió, volvió como si nada a su vida, intento ponerse al día con su semestre o al menos hacer más que ir y sentarse en una silla a mirar el celular, veía a sus amigos y su vida aparentemente estaba bien, nadie notaba, nadie notaba sus cortadas entre las piernas y debajo de la cola, nadie notaba que cada noche despertaba llorando, sin poder respirar; sus agresores la acompañaban en todo momento, los veía, como fantasmas, siguiéndola, acechándola y llegada la noche la abusaban de nuevo, repitiendo cada gesto, cada movimiento; pero llega un momento donde la vida simplemente nos pesa más de lo que debería y fue ahí, cuando encerrada en el baño escribió un mensaje y por cada oración tomaba una pastilla, para dejar de sufrir o al menos, para sentir un tipo de dolor diferente, un dolor que no se llevara cada pedazo de ella; tres días, internada en el hospital, escuchando a su familia llorar mientras se preguntaban cómo había sido capaz, como no lo vieron antes, Ana entendió, que si no aprendía a llevar ese dolor, no podría sostener a quienes más quería, no podría hacerles saber que ella estaba y que si ella podía, su familia podría.

Ana mintió a cada uno de sus amigos a los que sabían lo ocurrido les mintió diciendo que todo estaba superado y a los que no sabían,  también les mintió, a ellos les oculto  todo, con mentiras cada vez más reforzadas, se mintió a sí misma, diciendo que no la seguían, que no los veía, que no recordaba ese día y que si dormía con la luz prendida era por miedo a la oscuridad y no a lo que en esta encontraba, así duro un año y tres meses sumergida en ese escondite, donde no sentía, no sabía, no gritaba, un año y tres meses donde estaba mental y físicamente agotada, donde el hospital se volvió su mejor compañía, porque o no comía o comía demasiado, un año y tres meses despertándose cada noche con miedo, creyéndose lo menos importante, culpándose por ese día, culpándose por no saber seguir, por no encontrar la manera de gritarle al mundo que le dolía, que se derrumbaba.

Hoy, un año y cinco meses después, puedo confiar en el cambio que ha tenido Ana, en que al menos por una noche durmió sin despertarse, en que ahora, se mira al espejo y se siente linda, en que día a día aprende a quererse, puedo confiar en que Ana quiere esforzarse en cada ámbito de su vida, quiere salir adelante acepando cada cosa de su pasado, Ana hoy tomo la decisión de vivir, de dejar miedos y tristezas, Ana decidió avanzar … ¿Tu que harás?



Escrito por: María Alejandra Vargas





1 comentario:

  1. Es muy duro lo que le ocurrió, no es algo facil de superar es difícil suponerse uno que haría porque realmente nunca se está listo para vivir este tipo de cosas

    ResponderBorrar

M e resulta sumamente increible coincidir en esta vida contigo, me resulta grato escuchar tus chisted y reirme de ellos, tú encantaste cada ...